Como otros municipios de la Comunidad, Pedraza ejerce jurisdicción sobre pedanías o "barrios" que en su caso son dos. La Velilla y La Rades. Históricamente fueron fueron más: junto a La Velilla, hubo otro poblado llamado Las Casillas, que desapareció en el siglo XIX. La Rades se dividía a su vez en Rades de Ensomo (Rades de Arriba) y Rades de Yuso (Rades de Abajo). Del poblado Los Alamares hay alguna referencia escrita. Meteroso es otro despoblado que hace mucho perdió sus habitantes.

La Velilla está "distante mil pasos" de Pedraza, en la Vega donde el arroyo San Miguel y el Vadillo, ya juntos, se vierten en el Cega. Desde allí se divisa el castillo de Pedraza, de espaldas. De la orilla del río parte el "camino de los molinos", que lleva efectivamente a dos molinos, convertidos en residencias de campo.

Aguas arriba de los molinos hubo dos batanes. En la parte baja, entre el río y las casas, hubo un importante lavadero de lanas, donde en el siglo XVIII se lavaban hasta 25.000 arrobas de lanas finas. El lavadero provocó no pocas desavenencias, ya que ganaderos y vecinos protestaban por lo mucho que se ensuciaban las aguas del Cega. Frente al lavadero, al otro lado del camino de Pedraza, había un rancho de esquileo. También hubo una tintorería. Todavía en tiempos de Madoz (siglo XIX) subsistían el tinte, el lavadero de lanas, los dos molinos y los dos batanes.

El río Cega proporciona al pueblo una estampa muy pintoresca, además de un coto de pesca. El puente tenía derecho de portazgo y todavía recaudaba, en el siglo XVIII, 342 reales. Como era un cruce de caminos, siempre hubo en el barrio algún mesón o posada, tradición mantenida hasta el presente. La iglesia, pequeña y acogedora, rematada sólo por una espadaña, está dedicada al Salvador, cuyas fiestas patronales se celebran en Agosto.

Las calles que se asoman al río son las que conservan mejos su sabor. Quedan aún algunas casas antiguas de piedra, humildes y populares, hermosas.

La Rades (del vasco larra, larredi, "pastizal, dehesa") es ahora un sólo núcleo; en los años ochenta Rades de Arriba se despobló y desapareció del mapa, hasta la última teja. La Rades ha sido siempre pueblo de pastores. Quedan muy pocas casas antiguas, sumamente modestas. El pueblo presenta un aspecto bastante nuevo, incluida su restaurada iglesia dedicada a Santa Ana. Lo más hermoso tal vez sean los atormentados paisajes de su entorno, e incluso la propia carnadura del núcleo urbano, invadido por numerosos carrascos y grandes rocas de gneis grisáceo que dan al conjunto un cierto aire de "belén", lo cual casa bien con su arraigada tradición pastoril.

 

La Velilla.
La Rades.
Iglesia de La Rades.